Apología de la autodestrucción

Es consabido por ustedes estimados lectores que la vida es muy corta y a la vez eterna. Es una paradoja que me pone los pelos de punta, aunque más correcto sería decir: "La bella paradoja de la vida". En ese contexto, tras un par de cervezas, he llegado a un par de ideas que quisiera compartir con ustedes. La primera tiene que ver, con la posibilidad de realizarse, de llegar a una meta, de luchar por algo, bajo esta primera premisa , la vida se nos presenta como una posibilidad de auto realización,una forma de encontrar la transcendencia tras la muerte, en otras palabras, algunos buscan escribir sus nombres con sangre en el lienzo de la historia. Otra posibilidad se nos presenta, en el álgido rugido de la noche cuando nos sentimos atraídos hacía la muerte y su magnetismo inexplicable y exquisito, puede ser bajo los efectos de un buen vino o en el vaho que dejan los amantes mientras arremeten con fuerza sus sexos, esta extraña manera de vivir la vida aniquilándose lenta o rápidamente se erige como una posibilidad mortuoriamente elegante de entregarse a los brazos de la muerte. Es extraño, porque aquí no sentimos deseos de autorealización o transcendencia, si no el simple placer de estar en frente de la muerte negra, mientras sonreímos y pensamos “estoy vivo, aquí, ahora”, con gallardía aceptamos está finitud y delicadeza, nuestro cuerpo se vuelve uno con el universo, entonces ahí la muerte, la verdadera muerte, la nada, no es más que un sin sentido.