Cuando Angélica Baroja llegó a nuestra casa se encontraba completamente perturbada, tenía las pupilas dilatadas y le costaba hablar, por lo demás, su relato era inverosímil. Le pregunté si estaba drogada, si se había inyectado ketamina o puesto algún ácido. Me dijo que estaba completamente sana, me recordó que estaba embarazada. De inmediato pensé, que se encontraba algo angustiada por el embarazo, que tal vez había ocurrido algo con Fabían, pero ella prosiguió con su inverosímil relato. Le dije que se calmará, que se sentará, que le prepararía un mate. Pero ella, como si lloviera, seguía en su fantasía, que a mí me parecía en un principio cómica, pero que ahora ya me empezaba preocupar. Me dijo que no había tiempo para mates, que Ángeles – su hermana- estaba con “él”, que si había venido hasta aquí era por que sabía que yo era un gran admirador suyo, y que, estas cosas no pasan todos lo días, que le parecía imposible, etc. A mi sinceramente, me parecía ridículo, hubiese querido que Jorge Vallejos estuviera allí, pero éste aún no llegaba del trabajo, seguramente como psicólogo la hubiera calmado o bien, me hubiera calmado a mí, no sé, diciéndome “ sí está loca”, eso era mucho mejor, que oír semejante relato de la que había sido mi amante durante años, o aún peor, enfrentar que todos nos estábamos volviéndonos locos, o – la peor de todas las opciones- que el relato fuese verdad.
Al cabo de un rato y, un poco a regañadientes, decidí acompañar a Angélica, pero no antes de llamar
a Ángeles, quien se suponía debía estar con “él”. Cuando me contestó, parecía igual de excitada y perturbada que Angélica, cosa rara en Ángeles, por lo que deduje, que las dos se habían vuelto locas, que seguramente estaban drogadas, que Angélica quería abortar y que Ángeles finalmente se suicidaría. Claramente, las hermanas habían acudido a mí para detenerlas, llevarlas al hospital o bien para drogarme, volverme loco con ellas, o suicidarme junto con éstas. Nada de eso me parecía, tan anormal, al fin y al cabo, las Baroja eran especiales, a su manera, desquiciadas, maniáticas, tristes, inteligentes, pero algo en todo esto, no calzaba, con todo, ellas nunca habían sido unas embusteras o mentirosas. Por lo cual, mi teoría de un suicidio masivo cobraba -paradojicamente- más vida.
En el camino Angélica habló de los ciegos, de sus asesinatos sórdidos, de sus metáforas apocalípticas. Yo trataba de sacarle alguna palabra de entre sus fantasías, algo que me preparará para el pandemónium que ocurría en su casa. Le pregunté si había tomado Misotrol, si tenia pensado abortar al niño, que en ese caso, lo mejor sería que lo hiciéramos en mi casa que queda cerca de un consultorio, le hablé de los riesgos de hemorragia, pero que en último caso, era todo decisión suya. Ella dijo, que ni loca abortaba a estas alturas, me preguntó que por que le preguntaba sobre ello, si sabía que hace tiempo había decidido tener al niño. Entonces, comprendí, que la cuestión iba por otro lado, seguramente, Ángeles, estaba a punto de suicidarse, que ante esa situación, Angélica no supo a quien más recurrir, probablemente, por el efecto de las drogas, no recordaba la dirección de nadie más. Entonces me dispuse psicológicamente, para un espectáculo que incluía un cóctel de pastillas o una bañera ensangrentada, me vi, en ese momento, arrastrando el cuerpo de Ángeles, tratando de hacerla vomitar, mientras escondía las drogas y luego llamaba a una ambulancia.
En la micro Angélica continuaba con lo de los ciegos, me decía “que genial, ¿no?, tenerlo en la casa, me lo vas agradecer de por vida”. Para mis adentros, yo pensaba, “si claro, tener que llevar a tu hermana intoxicada y tener que darle explicaciones a los ratis”, en esos momentos, como dice Nietzsche, los hombres tranquilos y contemplativos nos volvemos prácticos y belicosos, así que por mientras, me hacía la idea de como llevar a Ángeles al hospital, se me pasaban tres opciones, una era llamar un taxi y dejarla en la entrada de Urgencias, como en las películas, la segunda, si es que se había cortado, inevitablemente llamar a la ambulancia, cuestión, que no era tan problemática, por qué, sólo tendría que esconder las drogas, y la tercera, en caso que aun no esté inconsciente, llevármela conmigo al hospital y esperar su recuperación, esa era la opción más compleja, porque, tendría que lidiar con Ángeles drogada, con su lengua viperina, seguramente me ofrecería droga, me tiraría un par de platos por la cabeza, la tendría que sostener, hablarle de Marx para que se animara, luego llevármela al hospital, aguantarla mientras le hecha la foca al médico, a los funcionarios, me la imaginaba gritándoles “y ustedes que saben de sanar a las personas, son unos hipócritas, capitalistas, como van sanar corazones...” cosas así, no sé, me la imaginé tratando de agarrar por el pelo a una enfermera, yo en tanto, maniatándola, para que la suelte. Todas esas cosas pasaron por mi cabeza antes de llegar.
Cuando llegamos, abrió la puerta Ángeles, quien parecía al menos no drogada, de hecho pudo abrir la puerta, por el contrario, la encontré tranquila, taciturna como siempre, sin embargo, sus ojos le brillaban, se notaba que estaba muy excitada. Me dije “y estas que se fumaron”. Ángeles me dijo que “él” se encontraba arriba jugando con los niños, y me comenzó a contar la misma historia inverosímil que había relatado Angélica. Me invito a preparar unos mates en la cocina, mientras Angélica subió al tercer piso, a hablar con “él”. Cuando, cebábamos el mate, Ángeles parecía, muy feliz, lúcida como nunca, nada que ver con mis premoniciones suicidas, lo que me pareció sumamente extraño, me dije “algo raro pasa aquí”. Fue entonces, en un segundo de lucidez, que comprendí que lo que iba ocurrir era un asesinato, las hermanas Baroja, habían inventado semejante relato para atraerme a su casa y asesinarme, sabían que era uno de mis escritores favoritos y que alguna vez había dicho que si iba morir, lo haría junto con él, todo calzaba. Pero claro yo aún no quería morir, para nada, me dije “estas locas de mierda me quieren matar, a la mierda”. Cuando terminamos de cebar el mate y nos disponíamos a subir al tercer piso, donde supuesta-mente se encontraba “él”, y por cierto, donde me asesinarían, dejé que Ángeles subiera primero, so pretexto, que debía ir al baño, allí algo excitado me escape por la ventana. Salí airoso, seguramente, las Baroja se esnifaron algún tipo de droga super alucinógena o un San Pedro, que les dio un mal viaje, viaje en que me hacían el favor de matarme con viejo famoso, bueno -pensaba- luego se les pasará y todos nos reiremos. Entonces, desde la ventana del tercer piso, se asomó la cabeza de Angélica quien grito “Vamos hermano que no se toma mate con Sábato todos los días”.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada